Elisa Pomar. Una vida dedicada al estudio de la tradición ibicenca


La emprendada payesa es la pieza de joyería más especial que podía poseer una ibicenca. Era lo único que heredaba la mujer a la que no le tocaban tierras. Este delicado complemento la acompañaba en los momentos más felices de su vida, en su boda, en las celebraciones especiales y cuando tenía su primer hijo y podía presentarlo en sociedad.

El padre de Elisa Pomar era joyero profesional, del mismo modo que lo fue su abuelo y su bisabuelo, y cuando este faltó la diseñadora buscó una forma de hacerle un homenaje para que su trabajo pasara a la historia. No quería imitarle, quiso innovar en la joyería ibicenca y crear sus propias piezas para sacarlas de los armarios y de las fiestas folklóricas y que se pudieran lucir en cualquier momento. Más adelante también quiso rendir con ellas un homenaje a la mujer ibicenca ya que, según explica, “no hay nada más bonito que la mujer luciera una joya que signifique un trozo de su historia”. Desde entonces han transcurrido diez años de éxitos, desfiles, colecciones y sueños cumplidos que han llevado sus piezas a pasarelas de China, Italia o Francia.

Cada pueblo tenía pequeños cambios en la emprendada y la familia Pomar los ha documentado todos. Desde el primer día de Elisa Pomar como joyera decidió que la emprendada era sagrada y que solo la usaría para investigar y copiar. Hace ocho años introdujo un Buda en esta pieza tan tradicional creando una nueva interpretación de esta joya.

Según explica Elisa “hay tanta energía en Ibiza gracias a todos los pueblos que han pasado por aquí y nos han dejado su influencia. Sus cuerpos se fueron pero su energía permanece y enriquece a los que aquí vivimos. Esto es lo que provoca el ambiente tan diferente que hay en la isla”.

EVOLUCIÓN DE LA JOYERÍA IBICENCA

Tradicionalmente la emprendada era de plata y coral porque Ibiza era una isla pobre. Con la llegada de los corsarios comenzaron a introducir el oro que conseguían a través de trueques. La plata salía de las minas de S’Argentera, en Sant Carles y el coral se pescaba en el Mediterráneo. Se creía que el coral tenía un efecto protector y de este modo comenzaron a hacerse los primeros collares y rosarios, que son la base de la emprendada.

PARTES DE LA EMPRENDADA

Esta pieza tan tradicional se ha conservado durante cientos de años y se compone de una delicada combinación de piezas que cada mujer iba completando a lo  largo de su vida o heredando.

La Agustinada son las hileras de cuentas unidas entre sí y enganchadas a unas pinzas en los hombros. Normalmente tiene nueve vueltas pero puede tener menos. A la gente joven le gusta que sea de coral o de coral bambú que es más económico.

La joya es la pieza central que cuelga de los collares de la Agustinada y tiene que llevar a una virgen que sufre. Antes no había grandes fiestas en Ibiza y las emprendadas se lucían para bailar o para fiestas como la Semana Santa y se sacaban en Jueves Santo.

También incluye 24 botones: que se colocan en el traje tradicional de fiesta de las payesas y forma parte de la emprendada.

En las emprendadas de oro la Agustinada está compuesto por cuentas llamadas Gra d’ordi porque recuerdan el trigo en verano. Por último está la cruz, que tiene  una corona en honor a la monarquía. Según relata Elisa “es fascinante que una joya tan católica tenga influencias tan fuertes de la cultura árabe, fenicia e incluso cartaginesa” concluye.

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